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Entrada de: María Carmelina Londoño, directora de la Maestría en Derecho Internacional de la Universidad de La Sabana

La homilía que el fraile capuchino pronunció en la ceremonia del Viernes Santo celebrada por el Papa Francisco en la Catedral de San Pedro, resulta no sólo conmovedora sino tremendamente aleccionadora. Para que la reflexión sobre sus palabras trascienda de las emociones temporales a los propósitos duraderos, cada uno tendría que asimilar las propuestas que puede dejarnos una mirada optimista del Covid-19.

Sin duda, cada uno lee los acontecimientos desde una óptica personal, moldeada por sus propias convicciones, su educación, oficio, contexto familiar, cultural, social, etc. La actual pandemia no es una excepción ─ cada uno tiene su propia lectura─, sin embargo, su alcance global sí ha puesto de presente muchos aspectos compartidos por los seres humanos de las más diversas razas, nacionalidades, creencias, edades y condiciones. De algún modo la pandemia, al borrar fronteras, ha logrado universalizar mensajes.

Las cinco lecciones que deja el Covid-19 para el Derecho Internacional

No puedo evitar leer la homilía del padre Raniero desde la perspectiva del Derecho Internacional. Creo que no es sólo por la pasión que profeso por mi profesión, sino porque entre el Derecho Internacional y el Covid-19 hay muchos elementos comunes que se convierten en lecciones operativas, con la mirada nueva que propone el fraile capuchino.

El hecho de que los cinco continentes están afectados por la pandemia refuerza la urgencia del papel que debe jugar el Derecho Internacional en las actuales circunstancias y en el curso de acción que tendrán sus efectos. No sólo el coronavirus se ha universalizado: al menos cinco mensajes de esta crisis global tienen vocación de universalidad y por eso comprometen a los muy distintos actores del Derecho Internacional.

  • Humanización del Derecho Internacional. “¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor?” La pandemia ha servido para recordarnos prioridades. Nada ─ tampoco un sistema jurídico─ tiene sentido si no es para aliviar las necesidades humanas, para trabajar en pro del bien común, de tal manera que los proyectos personales sean posibles porque entre todos entretejemos la historia que habilita su realización. El Derecho Internacional juega un papel fundamental en la propuesta sobre el contenido del bien común, tanto por la definición de los estándares mínimos de derechos humanos, como por su influencia en el diseño de la economía, la política y la cultura. La actual crisis tendría que hacernos reconsiderar el lugar que ocupa la persona humana en las causas que impulsan las normas, políticas y prácticas internacionales.
  • La influencia del Derecho Internacional en las políticas nacionales. “Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego”. El llamado a la revaluación de sus prioridades supone también una reconfiguración del orden internacional. Si el poder en el atrio de los “actores fuertes” de la comunidad internacional deja de ser medido en primer lugar por la capacidad bélica de los Estados y su riqueza armamentista, otros criterios más humanos pueden determinar la verdadera fuerza del desarrollo de los pueblos y, en consecuencia, moldear los factores que se priorizan en las políticas de los gobiernos nacionales.
  • La realización de los derechos humanos. “Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado”. Todos los seres humanos somos vulnerables y necesitados de protección. Entre muchos ejemplos que visibilizan nuestra común vulnerabilidad humana, la noticia del Primer Ministro de Inglaterra en una UCI por coronavirus es suficiente para ilustrarlo. Sin embargo, no todos los infectados graves han corrido con la suerte del Primer Ministro, no todos han tenido acceso a un centro de salud que cuente con los medios para proteger su salud. Aunque el Derecho Internacional haya proclamado el derecho universal a la salud, la implementación de este mandato exige todavía muchos más esfuerzos mancomunados de la comunidad internacional y los gobiernos nacionales para su financiación, especialmente en aquellos países en vía de desarrollo.
  • Revisión sobre el alcance de la responsabilidad empresarial en la cadena de valor de los negocios. “Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad”. La crisis del Covid-19, además del grave impacto a la salud humana, ha generado un debilitamiento generalizado en la economía mundial poniendo en riesgo en el mediano y largo plazo los medios de vida de millones de personas. Organismos internacionales como la OIT son conscientes de la importancia de un marco regulatorio favorable para proteger a los trabajadores y sus familias, promoviendo un diálogo con los empresarios para proteger también sus intereses. Esta tarea de conciliación de necesidades e intereses de trabajadores y empresarios necesita el concurso de muchos otros líderes internacionales, quienes tienen la posibilidad de fomentar, por ejemplo, el marco de ‘empresas y derechos humanos’ como un verdadero mandato jurídico.
  • El Derecho Internacional como catalizador de un cambio en las formas de vida. Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos”. Sin despreciar el valor que tienen muchos condicionantes del desarrollo de nuestro tiempo ─de hecho la tecnología aparece como una de las salvadoras del colapso mundial al que nos ha llevado el Covid-19─, la lectura optimista de la crisis que se nos propone en este Viernes Santo, apunta a una especie de re-establishment basado en formas de vida más fraternas, más austeras y más solidarias. Para recomponer los estilos de vida personales y familiares con los valores de la fraternidad, la austeridad y la solidaridad, los modelos del comercio internacional y el desarrollo humano tienen que alinearse con los mismos principios si queremos que sea sostenible un cambio de curso de la historia que protagonizamos.

Sabemos que los verdaderos héroes en el punto álgido de la crisis han sido los médicos, el personal sanitario y los voluntarios que arriesgan su vida cada día para salvar a otros; los campesinos y todos los que trabajan por aprovisionarnos de alimentos en las ciudades; los profesores que abruptamente tuvieron que reinventarse; los empresarios responsables con su talento humano; los millones de padres y madres de familia que en el confinamiento han luchado para que prevalezca el amor sobre las carencias materiales… hay muchos héroes ocultos en la tragedia y el Derecho Internacional tiene una responsabilidad innegable si queremos que todos ellos sobrevivan y que el mundo poscovid-19 pueda ser más parecido a lo que ahora soñamos.